lunes, 21 de marzo de 2011

Ecosistema galáctico

- Una galaxia es un ecosistema formado por planetas, astros, estrellas, meteoritos, órbitas, y el resto del universo de Orión.
- [Ptolomeo] Decía que la Tierra era un planeta inmóvil y que describía órbitas circulares.
- Una nebulosa es el nombre que le pusieron a un punto significativo en el universo.
- [Segunda ley de Kepler] El Sol barre a los planetas según el ángulo con más velocidad.
Siempre he pensado que los típicos libros de profesores que recogen frases graciosas de sus alumnos requerían de años recopilando material... pero ahora sé que podría escribirse uno de esos con sólo unos pocos exámenes.

La verdad es que la chiquilla de la primera cita muestra una gran imaginación. De hecho, las estrellas convierten en su interior el hidrógeno y helio formados en el Big Bang en otros elementos más complejos, los vientos de las estrellas ancianas hacen que estos se junten en granos de polvo de silicatos y carbono, la muerte de una estrella masiva (supernova) abona el medioambiente galáctico con nuevos elementos, y en el interior de algunas nebulosas una rica química combina los átomos en moléculas como agua, alcohol, o incluso aminoácidos. Además creemos que éstos sobreviven a la formación de un nuevo sistema estelar y que pueden viajar a lomos o en el interior de los cometas para sembrar los planetas, como la Tierra, con los ladrillos de la química orgánica. Sin la vida y muerte de las estrellas no habría planetas, y es posible que sin el metabolismo de las nebulosas tampoco habría vida. Todo esto me recuerda a las relaciones entre seres vivos, que se alimentan unos de otros, buscando los compuestos procesados por los demás. No sé de dónde lo habrá sacado, pero parece que no iba tan descaminada.


Podría seguir largo y tendido, pero tengo que plasmar mis propias ocurrencias en la introducción de una tesis, para disfrute de otros...

martes, 1 de marzo de 2011

Introducción al modelo unificado de los núcleos galácticos activos

Un astrónomo, un físico y un matemático (según cuentan) estaban de vacaciones en Escocia. Mirando por la ventana del tren distinguieron una oveja negra en medio de un prado. "¡Qué interesante -observó el astrónomo-, en Escocia las ovejas son negras!" A lo que respondió el físico: "¡No, no! ¡Algunas ovejas escocesas son negras!" El matemático miró suplicante al cielo y entonces articuló: "En Escocia existe al menos un campo que tiene al menos una oveja con al menos uno de sus costados de color negro."
Ian Steward, Concepts of modern mathematics

jueves, 10 de febrero de 2011

El lado místico del cerebro

La experiencia mística es desde luego una idea que merece ser difundida. Es un hecho que existe una experiencia de absorción completa, de unión con todo y abandono del yo. El samadhi hindú, el satori del zen, o la unión con Dios de los místicos cristianos y sufíes, son distintos nombres en distintas tradiciones para una misma experiencia. Todas coinciden en la dificultad de expresarlo con palabras. La interpretación que se haga de ello puede depender de tu condicionamiento cultural, pero lo que parece ser una constante es que el tener una experiencia de este tipo como fruto de tu esfuerzo, o de manera espontánea, te cambia la vida y tu forma de ver el mundo.

Si te estás preguntando que pensaría de esto un neurólogo te invito a ver este testimonio en una charla TED, en el que una experta en este órgano cuenta como vivió una experiencia de este tipo inducida por un infarto cerebral.




(El video a una resolución menor pero con subtítulos en español aquí (1/2) y aquí (2/2).

¡Gracias Jill! ¿No la encuentras realmente emotiva? ¿Está esto al alcance de todos? ¿De verdad podremos elegir? Si es así, ¿qué estamos haciendo?

lunes, 7 de febrero de 2011

Astrología

Me he encontrado por ahí esta curiosa noticia. Un tribunal de Bombay ha rechazado una demanda de una organización india que solicitaba a las autoridades "prohibir artículos, anuncios, episodios y prácticas que promoviesen la astrología y temas relacionados como vaastu, Reiki, Feng Shui, tarot, quiromancia y signos zodiacales". Curiosamente el fallo del tribunal declara que el Tribunal Supremo ya había considerado el asunto y determinado que la astrología es una ciencia, si he entendido bien, citando también un acta del gobierno en la que se declara la astrología como una '4000 year-old trusted science'. Esto me ha hecho pensar en quién y cómo decide lo qué es o deja de ser ciencia. Un asunto difícil en el que no quiero bucear aquí. Hoy no.

Ya he comentado que crecí entre libros de astronomía y telescopios. Los astrónomos aficionados, como toda tribu humana, no están libres de sus rituales, mitos y demonios. En nuestro caso el diablo es la astrología, esa forma de adivinación con una fonética tan parecida a la ciencia de los astros, con la que tan frecuentemente se confunde. Esta confusión imperdonable requiere una persecución en toda regla. Cualquiera que haya llamado astrólogo por error a quien no debía sabe de qué hablo... Pero si lo pienso mejor, ¿quién me ha erigido a mí como adalid de la racionalidad? ¿Quién me ha hecho juez? ¿Quién me ha otorgado la iluminación para decidir lo que no es?

Es un paso el darse cuenta de que nadie tiene que convencerte de nada. Tú te haces un modelo del mundo; lo que te vale entra. Suele funcionar así. A mí la astrología no me vale, no encaja. No explica lo que veo y siento. Pero cada persona es un mundo. Tan sencillo como eso.

domingo, 6 de febrero de 2011

Declaración de intenciones

Llevo dos semanas colgado de diversos periódicos digitales siguiendo las revueltas de Túnez y Egipto. Intento exprimir e interpretar cada pedazo de información que me llega, sus posibles consecuencias históricas y geopolíticas, enredándome en una maraña de argumentaciones, contraargumentaciones, opiniones, análisis, ruido, ruido, y más ruido. Declaro aquí y ahora que, a partir de este día, en este blog no habrá sitio para la política, aunque en ocasiones esta resulte una parte importante de mi tiempo en internet. Mientras, intentaré convencerme de aquello que ya intuyo: cuanto más analice el mundo en esos términos más lejos estaré de entender nada.

jueves, 13 de enero de 2011

Amanecer

Cuarto día en Garrucha. Suena el despertador; ya son las 8:00. Hoy no remoloneo, hay algo importante que hacer. Salgo de la cama y cruzo al baño de un salto, así no sentiré el frío matutino del apartamento sin calefacción. Me lavo la cara. Vuelvo al dormitorio a vestirme. Me pongo doble capa porque espero más frío del habitual. A la cocina. Rápidamente elijo algo para despertar a mi estómago. Agua. Leche de soja con chocolate. Eso valdrá. Beso de despedida y voy al salón a coger las llaves del piso. 8:08, hay que salir ya. Bajo apresuradamente la calle Tenis. A estas horas no soy el primero en llegar al Paseo Marítimo. La gente trabaja ya en el puerto. Camiones entran y salen, y algunos coches llevan a la gente al trabajo. Algunos tienen trabajo, pero yo tengo mi tarea y no me entretengo. Paso el puerto y llego a la playa.

Allí me doy cuenta de lo limpio que está el cielo almeriense, como sólo un cielo de invierno puede estarlo. El mar tiene un color azul cobalto y un brillo metálico que no perderá en todo el rato. En un amanecer hay un factor sorpresa, y es que no sabes el momento exacto en el que el primer rayo de sol va a asomar por el horizonte, así que tienes que estar muy atento. Sé que es inminente, porque unos pequeños cirros, muy pegados al horizonte, están teñidos de arrebol, marcando el lugar que hay que vigilar. Hace frío y parece que el tiempo se estira... Entonces me doy cuenta, acaba de asomar. El primer rayo no ha sido verde, pero sí mágico. Me acerco a la orilla mientras el sol sube y se va transformando en un semicírculo primero, en una vasija después, hasta que se separa del horizonte dejándose una lágrima pegada a éste, que rápidamente se disuelve. En los minutos siguientes van aumentando los reflejos en el agua hasta formar una columna de luz bajo el sol. El cielo está limpio y la luz es brillante. Duele mirar, pero miro. Los colores van pasando de cobre, a bronce, de este a oro, y a oro blanco, pero no se pierde el brillo metálico en ningún momento.

Pienso en los bichos que hay bajo el agua, que algunos se despiertan ahora y otros se irán a esconder. La columna de luz apunta a la costa norte de Argelia. Me acuerdo de la madre de mi novia, que vio este espectáculo sobre el Nilo. Pienso en el culto al sol como divinidad y lo entiendo. Pienso en la muerte. Cada momento del amanecer, cada segundo, cada instante, es distinto uno de otro. Mañana esta sucesión de momentos serán distintos e irrepetibles. Concluyo que la belleza está en lo efímero y esto hace que se aprecie con más intensidad. Me acuerdo del eclipse total de sol: belleza sobrecogedora en un suspiro. Pero también hay una belleza duradera, una belleza eterna, formada por la sucesión de momentos, no por los momentos particulares. Cómo las plantas repoblan, poco a poco, un monte quemado. Cómo salen y se pulen las montañas. Cómo nacen y mueren las estrellas en nubes de gas. Quizás eso me atrajo de la astronomía en un principio, la posibilidad de contemplar la belleza eterna, sin prisa.

Pero ahora hace frío y el sol se eleva. Decido volver a casa a entrar en calor, escribir esto, y disfrutar de una chirimoya madura. Otra vez lo efímero...

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Paul Auster

Esta es mi recomendación personal para la vorágine consumista en la que estamos inmersos estos días. Voy a tomar unas palabras del propio Auster, en su novela Leviatán:
Porque soy escritor, dije. Oh, dijeron, ¿y eso qué tiene que ver? Que mis libros se publican, dije. La gente los lee y yo no tengo ni idea de quiénes son. Sin saberlo siquiera, entro en las vidas de los desconocidos, y mientras tienen mi libro en sus manos, mis palabras son la única realidad que existe para ellos.
Sí, esto suele pasar con los libros, pero para mí, con Paul Auster, toma una dimensión de realidad casi literal. Leer a Auster es sumergirse en un profundo mar sin explorar. Los personajes cobran vida y nunca sabes dónde te van a dirigir sus historias, que serán de todo, menos lineales. Lo mejor es abrir bien los ojos, y dejarse llevar...

viernes, 3 de diciembre de 2010

El alma rota

Tengo que confesar que me encantan los libros de Harry Potter. Son entretenidos; tienen varios niveles de profundidad, que se pueden apreciar según la edad del lector; te transporta a un mundo fantástico pero muy cercano; y tiene ideas geniales. Una de ellas es el horcrux.

En el universo de J. K. Rowling un horcrux es un objeto mágico, en el cual un mago ha depositado una parte de su alma, tras conseguir que esta se escinda mediante un crimen despiadado. De esta forma, el mago tenebroso se vuelve inmortal, pues no puede morir del todo mientras se conserve esa parte de su alma en el objeto mágico. En Harry Potter la historia gira en torno a siete de estos objetos (ocho pedazos de alma en total, nada menos), aunque el lector no lo sabe hasta casi el final de la trama, en el sexto libro. Según Wikipedia, parece que la idea original proviene de la figura del lich, de la mitología eslava. Otro ejemplo popular del horcrux, y bastante anterior a Rowling, lo encontramos en la trilogía de Tolkien, el Señor de los Anillos, en el que Sauron crea un objeto, el Anillo Único, en el que pone parte de su poder y de sí mismo. Este tiene que ser destruído para que el megavillano sea definitivamente derrotado.

Todos estos ejemplos son de magia negra, pero fuera de la literatura, en la vida real, esto está sucediendo todos los días. ¿Quién no ha sentido alguna vez tener el alma rota? ¿Acaso cada una de las personas que amamos no reciben una parte nuestra? ¿No guarda uno mismo una parte de cada una de ellas? Porque esto funciona en ambas direcciones. Estoy convencido de que ello ocurre, en un sentido (no sé cuanto de) figurado, con todas las personas, lugares y objetos con los que hemos tenido algún vínculo.

Dentro de unos días vuelvo a Granada, uno de mis horcruxes particulares, quién sabe por cuanto tiempo. Ahora ella forma parte de mí y yo de ella. Después de Brasil me había propuesto no dividirme el alma en más trocitos, no fuese que se volviese demasiado inestable... pero es imposible; sucede cotidianamente y sin control. Aunque bien mirado, quizás sea la forma de alcanzar la inmortalidad. Si esto es cierto, ¿qué pensarían los alquimistas taoistas? Tantos años de trabajo interno y comer cinabrio, ¡cuando tan efectivo es simplemente amar!

domingo, 21 de noviembre de 2010

Bendita ignorancia

Tenía pensado escribir sobre otra cosa, pero quiero compartir una historia que mi madre me ha contado esta mañana. Surgió relativo al arte, pero se puede aplicar a muchas cosas.

"Un niño de 8 años había sido dejado una tarde a cargo de su hermano pequeño. Debido a una fatalidad, se declara un incendio en la casa. Cuando el niño va a abrir la puerta de entrada se encuentra con que sus padres habían cerrado con llave. De vuelta en el dormitorio se da cuenta de que frente a la ventana hay un árbol robusto, pero al abrir la ventana se topa con una mosquitera que le impide salir también. Ni corto ni perezoso, empuja un perchero que rompe la mosquitera. Toma a su hermano, le mete en la mochila del colegio, y baja con él a cuestas, por el árbol, hasta la calle. Un rato más tarde, los bomberos han llegado y están terminando de apagar el fuego. Uno de los bomberos comenta con sus compañeros que le parece increíble, cómo un niño tan pequeño habrá tenido la ocurrencia, y la sangre fría, para semejante heroicidad. Entonces, el jefe de la brigada, el más veterano, comenta:
- Muy sencillo. Es que no había nadie que le dijese que no podía hacerlo."

Cuántas veces nos han dicho, de forma directa o indirecta, que tal o cual cosa no se puede hacer, o que otras tantas son imposibles... Con el tiempo ni siquiera necesitamos que la sociedad o los medios de comunicación nos lo recuerden, porque somos nosotros mismos los que mayores límites ponemos a nuestra creatividad o desarrollo personal.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Sinestesia

Recuerdo que cuando era niño me inquietaba el pensamiento, la duda, de si los demás verían las cosas de ahí fuera igual que yo. Lo hablaba con mi amiga Susana, con la que compartí toda la infancia.
- ¿Y tú cómo ves el verde?
- Pues verde
- ¿Pero cómo sé yo que lo que tú llamas verde no es lo que veo yo de color azul, y usamos la misma palabra para colores distintos?
Por más vueltas que le dábamos no se nos ocurría una forma de comprobar que mi rojo fuese también su rojo, así que con el tiempo aprendí a vivir con esa incertidumbre. Olvidé la pregunta de mi niñez y terminé asumiendo que existía una Realidad que todo el mundo percibía igual, pero que cada uno interpretaba a su manera. Tuvieron que pasar 20 años, para que en una comida con los compañeros del Instituto de Astrofísica de Andalucía se me viniese todo el tinglado abajo. Uno de ellos nos explicó que era sinestésico.

La sinestesia es, dicho mal y pronto, una mezcla de sentidos en la cabeza. Hay gente que ve los números de colores, o las letras, sonidos, notas musicales... Otros ven figuras geométricas o formas asociadas a las palabras o saborean los días de la semana. Parece ser que las percepciones con colores y las asociaciones a letras o números son de lo más frecuente,  pero hay decenas de tipos diferentes de sinestesias y multitud de grados. La cosa más curiosa que he oído sobre esto fue en mi escuela de taichi, en Granada, donde conocí a una chica que mezclaba percepciones olfativas con el mobiliario urbano. Esta chica contaba que los bancos o las farolas le huelen (le huelen... ¿pero a qué? Pues a banco, y a farola, ¡claro!). A veces el olor es tan insoportable que tiene que volver corriendo a casa.

En las personas sinestésicas estas percepciones no se pisan, se superponen. A otro amigo, también sinestésico, le preguntaba sobre un cartel en la calle:
- ¿De qué color son estos números?
- Azul, rojo, marrón, amarillo, rojo, verde...
- No. Que de qué color están impresos.
- ¡Ah! ¡Pues negro sobre blanco, claro!
Y esta superposición es tan natural, que pueden pasar décadas antes de que uno se dé cuenta de que es sinestésico. Es más, en realidad se piensa que la capacidad de sinestesia está presente en todos, en mayor o menor grado. Por ejemplo,  yo tengo una asociación entre las palabras de esta lista:
A: sonido agudo, objeto puntiagudo, áspero, duro, amarillo chillón, ácido, números como '7,4...'
B: sonido grave, espacio ancho, objeto grande, redondeado, dulce, suave, vocales 'o,a,e'
¿Las compartes? Seguramente la sinestesia es el origen de las metáforas.

Una de mis sinestesias favoritas (lo sería sin duda, si pudiese experimentarla) es la que asocia colores y formas a distintas notas musicales, acordes, o timbres de instrumentos. ¿Te imaginas escuchar una sinfonía mientras miles de colores y figuras danzan ante tus ojos? Qué maravilloso espectáculo, y sin los riesgos del LSD...