domingo, 21 de noviembre de 2010

Bendita ignorancia

Tenía pensado escribir sobre otra cosa, pero quiero compartir una historia que mi madre me ha contado esta mañana. Surgió relativo al arte, pero se puede aplicar a muchas cosas.

"Un niño de 8 años había sido dejado una tarde a cargo de su hermano pequeño. Debido a una fatalidad, se declara un incendio en la casa. Cuando el niño va a abrir la puerta de entrada se encuentra con que sus padres habían cerrado con llave. De vuelta en el dormitorio se da cuenta de que frente a la ventana hay un árbol robusto, pero al abrir la ventana se topa con una mosquitera que le impide salir también. Ni corto ni perezoso, empuja un perchero que rompe la mosquitera. Toma a su hermano, le mete en la mochila del colegio, y baja con él a cuestas, por el árbol, hasta la calle. Un rato más tarde, los bomberos han llegado y están terminando de apagar el fuego. Uno de los bomberos comenta con sus compañeros que le parece increíble, cómo un niño tan pequeño habrá tenido la ocurrencia, y la sangre fría, para semejante heroicidad. Entonces, el jefe de la brigada, el más veterano, comenta:
- Muy sencillo. Es que no había nadie que le dijese que no podía hacerlo."

Cuántas veces nos han dicho, de forma directa o indirecta, que tal o cual cosa no se puede hacer, o que otras tantas son imposibles... Con el tiempo ni siquiera necesitamos que la sociedad o los medios de comunicación nos lo recuerden, porque somos nosotros mismos los que mayores límites ponemos a nuestra creatividad o desarrollo personal.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Sinestesia

Recuerdo que cuando era niño me inquietaba el pensamiento, la duda, de si los demás verían las cosas de ahí fuera igual que yo. Lo hablaba con mi amiga Susana, con la que compartí toda la infancia.
- ¿Y tú cómo ves el verde?
- Pues verde
- ¿Pero cómo sé yo que lo que tú llamas verde no es lo que veo yo de color azul, y usamos la misma palabra para colores distintos?
Por más vueltas que le dábamos no se nos ocurría una forma de comprobar que mi rojo fuese también su rojo, así que con el tiempo aprendí a vivir con esa incertidumbre. Olvidé la pregunta de mi niñez y terminé asumiendo que existía una Realidad que todo el mundo percibía igual, pero que cada uno interpretaba a su manera. Tuvieron que pasar 20 años, para que en una comida con los compañeros del Instituto de Astrofísica de Andalucía se me viniese todo el tinglado abajo. Uno de ellos nos explicó que era sinestésico.

La sinestesia es, dicho mal y pronto, una mezcla de sentidos en la cabeza. Hay gente que ve los números de colores, o las letras, sonidos, notas musicales... Otros ven figuras geométricas o formas asociadas a las palabras o saborean los días de la semana. Parece ser que las percepciones con colores y las asociaciones a letras o números son de lo más frecuente,  pero hay decenas de tipos diferentes de sinestesias y multitud de grados. La cosa más curiosa que he oído sobre esto fue en mi escuela de taichi, en Granada, donde conocí a una chica que mezclaba percepciones olfativas con el mobiliario urbano. Esta chica contaba que los bancos o las farolas le huelen (le huelen... ¿pero a qué? Pues a banco, y a farola, ¡claro!). A veces el olor es tan insoportable que tiene que volver corriendo a casa.

En las personas sinestésicas estas percepciones no se pisan, se superponen. A otro amigo, también sinestésico, le preguntaba sobre un cartel en la calle:
- ¿De qué color son estos números?
- Azul, rojo, marrón, amarillo, rojo, verde...
- No. Que de qué color están impresos.
- ¡Ah! ¡Pues negro sobre blanco, claro!
Y esta superposición es tan natural, que pueden pasar décadas antes de que uno se dé cuenta de que es sinestésico. Es más, en realidad se piensa que la capacidad de sinestesia está presente en todos, en mayor o menor grado. Por ejemplo,  yo tengo una asociación entre las palabras de esta lista:
A: sonido agudo, objeto puntiagudo, áspero, duro, amarillo chillón, ácido, números como '7,4...'
B: sonido grave, espacio ancho, objeto grande, redondeado, dulce, suave, vocales 'o,a,e'
¿Las compartes? Seguramente la sinestesia es el origen de las metáforas.

Una de mis sinestesias favoritas (lo sería sin duda, si pudiese experimentarla) es la que asocia colores y formas a distintas notas musicales, acordes, o timbres de instrumentos. ¿Te imaginas escuchar una sinfonía mientras miles de colores y figuras danzan ante tus ojos? Qué maravilloso espectáculo, y sin los riesgos del LSD...

sábado, 13 de noviembre de 2010

Parapsicología científica

Vamos a empezar con algo fuerte...

Derribar los pilares de la realidad es un proceso duro y emocionante a la vez, lento, pero en ocasiones violento. Ya nos meteremos en discusiones más profundas sobre lo que es o no racional, lo que podemos llamar científico, el valor del empirismo y la experimentación personal, etc. En esta entrada vamos solo a quemar unos cuantos mitos, y porner sobre la mesa un artículo rompesuelos (un hito) en la investigación sobre Percepción ExtraSensorial (PES).

Para empezar, aclarar que sí que existe una rama de la psicología que estudia fenómenos de PES, es decir, experiencias en las que se recibe o transmite información por vías que no pueden explicarse con los canales de percepción que considera la psicología estándar. Que este campo utiliza una metodología científica y matemática seria. Que no se admite la existencia del alma, ni su posible permanencia tras la muerte, como hipótesis a priori (parapsicología no es espiritismo). Que aunque aquí seamos más papistas que el Papa, existen o han existido unidades de investigación en este campo en muchas universidades americanas y europeas, como Princeton, Stanford, UCLA, Edimburgo... Si bien es verdad que bastantes de estos grupos han tenido que cerrar el chiringuito en la última década, debido a falta de financiación, fuerte oposición de psicólogos de la corriente principal, y supongo que desgaste por la dificultad de replicar en laboratorio ciertos resultados. La exploración continúa a todas las escalas: en fundaciones privadas, universidades públicas, asociaciones, y a nivel personal. Quien esté interesado en el tema puede echar un vistazo, por ejemplo, al blog de Óscar Iborra, de la UGR.

El artículo que quería compartir es éste:
Bem, D. J. (in press) Feeling the Future: Experimental evidence for anomalous retroactive influences on cognition and affect. Journal of Personality and Social Psychology
Está publicado por Daryl Bem, un psicólogo reconocido de la Universidad de Cornell  (NY), que se ha ganado su prestigio trabajando en campos más ortodoxos. Ha pasado un proceso de arbitraje con tres científicos independientes, para ser admitido a publicación en una revista de primera línea de psicología (que parece que sería algo como ApJ o A&A, para los astrónomos). Y lo bueno del trabajo es que, a diferencia de otros estudios clásicos de parapsicología, utilliza exclusivamente metodología que es estándar en otros estudios psicológicos y resulta fácil de validar y replicar por sus colegas ortodoxos. El artículo está escrito en un inglés muy sencillo y fácil de comprender sin ser experto en el tema, y recomiendo un vistazo a la introducción y la discusión final.

En estudios de PES a menudo entra en juego el concepto de no-localidad (transmisión instantánea de la información y conexión entre mentes independientemente del espacio físico que las separe). Lo impactante de este trabajo es que revienta las leyes de causalidad y la flecha del tiempo. ¿Y si viviésemos en un mundo en que las cosas que no han ocurrido todavía afectan a nuestro cerebro? Un resumen rápido del artículo sería que se llevan a cabo experimentos típicos para ver la respuesta emocional de ciertos estímulos, con la diferencia de que aquí se mide la respuesta antes de que el ordenador haya elegido aleatoriamente el tipo de estímulo que va  a mostrar a los sujetos.

Si te da pereza el artículo académico quizás quieras echar un vistazo a este otro artículo de Newscientist por el que lo he encontrado, o si no, a este comentario de una psicóloga de la Oklahoma State University.

Presentación

Como mandan las buenas maneras, lo primero que ha de hacer uno al llegar nuevo a un sitio es saludar y presentarse. De todas formas, ¿tiene sentido explicar quién soy, o quién creo ser en este momento? Pues estamos siempre en evolución, en cambio continuo, así que cuando leáis esto ya seré una persona distinta. Sin embargo sí merece la pena que hable un poco de mi historia, que al final es lo que me ha llevado hasta aquí.

Nací y crecí en la periferia de Madrid. He pasado una infinidad de días en el campo, entre el Jarama y el Henares. Allí surgió mi afecto por las rapaces y el monte. Desde chico me fascinó el cielo nocturno, bajo el que he pasado largas horas... Y así me atrapó la ciencia, que me ha llevado a una licenciatura en física y una tesis doctoral en astrofísica, a punto de acabar.

Siempre me he sentido más un explorador que un investigador. Investigar es un impulso, pero explorar es una necesidad. Siempre hay cosas por aprender. Siempre hay cosas por entender. Siempre hay cosas nuevas. Siempre hay cosas, interesantes y hermosas, para simplemente contemplar. Y según me vaya encontrando esas cosas, dentro y fuera, espero encontrar las palabras o las imágenes para compartirlas aquí.
Vamos a explorar.
¡Larga vida al blog!